domingo, 10 de septiembre de 2017

La vida en azul de Prusia

I
Junio de 1942

El día comienza para Mathilde Bergfeld a las cinco de la mañana. Llegan nuevos residentes y debe estar lista para recibirlos. Abandona el camastro de madera que comparte con su hija Grete de doce años y, tras comprobar que la pequeña sigue dormida, sale del barracón. Desde que fue enviada al campo de prisioneros de Majdanek, Mathilde es la encargada de tratar la ropa de los recién llegados para prevenir infestaciones de piojos y brotes de tifus. Con la ayuda de su cuadrilla, traslada enormes montones de prendas a la cámara donde se gasearán con cianuro de hidrógeno. Mathilde es concienzuda en la manipulación de las latas que contienen el gas venenoso, y su ojo se ha vuelto experto en estimar el número necesario de latas de Zyklon B para cada volumen de ropa. 

Está preocupada por su hija. La apariencia aria que le dan sus ojos azules y su cabello rubio había ayudado hasta el momento, pero con su edad debía demostrar que era de utilidad si no quería enfrentarse a otro tipo de suerte que nadie se atrevía a imaginar. El azar quiso que las últimas llegadas de desdichados fueran masivas, por lo que Mathilde pidió permiso para disponer de la ayuda de, al menos, una persona más. Al día siguiente, Grete se incorporaba a la cuadrilla de desinfección, mientras el alivio y la felicidad se dibujaban en el rostro de su madre.

Grete aprendió la tarea con rapidez, desempeñándola con la misma responsabilidad que su progenitora. Un día, transcurrido el tiempo de ventilación para acceder a la cámara, Grete tuvo la impresión de que las paredes interiores se estaban manchando paulatinamente de azul. Era un azul hipnótico, profundo, que invitaba a tocarlo aunque no se atrevió a hacerlo, pues intuía que provenía del gas. No se equivocaba. El cianuro reaccionaba lentamente con el hierro presente en las tuberías y el cemento, produciendo un compuesto azulado: ferrocianuro férrico.


Yishai Jusidman. Majdanek (2012), acrílico sobre madera.
Fuente: yishaijusidman.com

Mathilde se percató del ensimismamiento de su hija, y agradeció que ese caprichoso moteado azul transportara a Grete lejos de la desgarradora realidad del campo. En unos días más, Grete no pudo evitar la tentación de rascar algunas de las manchas y llevarse al barracón unas briznas del pigmento. Cuando tuvo acumulada una buena porción, la mezcló cuidadosamente con un poco de aceite que había separado del rancho diario. Había obtenido su primer azul de Prusia, con el que fue decorando el bastidor de su camastro a base de flores y mariposas.



II

Junio de 1972 

— ¡Fin de la clase, felices vacaciones a todos!

La frase de Grete Bergfeld provoca la ruidosa espantada de sus alumnos. Espera sentada en su mesa a que el aula se vacíe y regrese el silencio. Le parece mentira que se hayan cumplido 30 años desde que su destino quedara marcado entre las paredes de aquella cámara de desinfección. Hoy, como profesora de Historia del Arte, intenta transmitir a sus discípulos parte de la magia que la invadió ese día.

Es consciente de que el azul no siempre gozó del poder de atracción que posee en la actualidad. Para los romanos era incluso desagradable, el color de los bárbaros. El rechazo llegaba hasta el vocabulario, ya que en latín clásico los términos que se refieren al azul son todos polisémicos e imprecisos. No es de extrañar que en idiomas como el español, el francés o el italiano, los vocablos que lo designan no se hayan heredado del latín, sino del alemán o del árabe. Aunque durante la Edad Media el azul va tomando protagonismo en las vidrieras de las catedrales y los escudos de armas, el periodo preferido de Grete comienza a principios del siglo XVIII. El azul de Prusia se consagra por el descubrimiento casual de un droguero alemán, John Jacob Diesbach, que fracasa en su intento de sintetizar un pigmento rojo a causa de las impurezas de hierro en uno de los ingredientes. Grete podía imaginar la expresión del droguero, entre la sorpresa y la perplejidad, al descubrir el precipitado de azul de Prusia en el fondo del recipiente.

Con el tiempo, el azul se convirtió en el color del romanticismo y de la melancolía, y se erigió en protagonista del impresionismo y el arte moderno, pero lo que realmente fascinaba a Grete provenía de su otra gran pasión, la fotografía. Le encantaba asombrar a sus alumnos con la técnica de la cianotipia, que fija una imagen en negativo sobre un impactante fondo azul de Prusia. Por supuesto, no olvidaba mencionarles que la pionera de esta técnica fue Anna Atkins, una botánica que la utilizó para crear el primer libro con ilustraciones fotográficas de la historia en 1843, sólo un año después de que el astrónomo John Herschel, amigo de la familia de Anna, inventase la técnica.


Chylocladia clavellosa.
Anna Atkins, Photographs of British algae: cyanotype impressions (1843).
Fuente: digitalcollections.nypl.org

Tras la reseña histórica, los alumnos se ponían manos a la obra. Disolvían en 250 ml de agua destilada, por separado, 50 g de ferrocianuro potásico y 90 g de citrato férrico amónico. Después mezclaban a partes iguales estas disoluciones y extendían la mezcla sobre un papel mediante una brocha. A continuación venía el primer tiempo de espera: dejar secar el papel con la solución fotosensible a resguardo de la luz. Mientras tanto, cada uno elegía la muestra a fotografiar; una espiga de trigo, una hoja de helecho, una pluma de paloma… Entonces llegaba el momento de la transformación. Se depositaba la muestra sobre el papel y se colocaba bajo una lámpara de luz ultravioleta, que producía el cambio de color. El verde claro de la emulsión viraba poco a poco hacia un intenso azul bajo 12 pares de ojos sin pestañear. En todos los cursos, invariablemente, un silencio reverencial se adueñaba del laboratorio cuando la silueta en blanco de la imagen surgía del fondo azul Prusia.



III

Diciembre de 2009

Hanna Bergfeld pudo ver en muchas ocasiones los cianotipos hechos por Grete. Sin embargo, no seguiría los pasos artísticos de su madre. Tenía muy claro que tomaría el camino de la ciencia, así que tras completar su formación como química decidió ampliar estudios en la Universidad de Brasilia, donde esperaba profundizar en el tema de sus sueños: la evolución de la química hacia la vida.

Al poco tiempo de llegar a Brasil como becaria, tuvo lugar un accidente que nunca olvidaría. En septiembre de 1987, en la cercana población de Goiânia, dos hombres encontraron, incomprensiblemente, una fuente de cesio-137 en un local abandonado que había albergado una clínica de radioterapia años atrás. Los 300 kg del blindaje de acero y plomo de la fuente lo hacían muy atractivo para venderlo al peso. Intentaron desmantelar la cápsula pero no lo consiguieron, sólo pudieron romper una pequeña ventana por donde se alcanzaba a ver un enigmático brillo de un hermoso tono azul, generado por la radiactividad. Se trataba, sin duda, de la radiación de Cherenkov, producida por partículas cargadas eléctricamente cuando superan la velocidad que la luz puede alcanzar en el medio que atraviesan, al igual que un avión supersónico genera un estampido cuando supera la velocidad del sonido en el aire.

Radiación de Cherenkov en un reactor nuclear. Fuente: Wikipedia.

Finalmente, vendieron la pieza a un chatarrero, Devair Alves Ferreira, que quedó obnubilado al instante por el resplandor azul que emanaba del cloruro de cesio. Devair invitó a amigos y familiares a ver la sustancia luminosa, y hasta logró extraer parte del material con la intención de hacer un anillo para su esposa. Para rematar la catástrofe, el hermano de Devair extrajo el resto del polvo radiactivo y se lo llevó a casa, donde su hija Leide de seis años, maravillada con su brillo, jugó con él a modo de improvisado maquillaje.

Tras unos días fueron apareciendo molestias gástricas, vómitos y diarreas que atribuyeron a una intoxicación alimentaria. La esposa de Devair fue la única que sospechó de aquel extraño material, por lo que decidió tomar un autobús y trasladarlo hasta un centro sanitario. Desde aquí se comenzó a tomar conciencia del alcance del desastre, contabilizando decenas de personas que habrían tenido contacto directo con la sustancia y centenares que habrían recibido diversas dosis de radiación, incluidas las del autobús y las del centro sanitario.

Hanna recuerda la historia de su abuela al pensar que el azul, una vez más, aparecía ligado a la tragedia y la muerte. No obstante, de la mano del azul de Prusia surgió una esperanza para los desafortunados habitantes de Goiânia, pues se empleó de manera intensiva para descontaminar lugares y para eliminar el cesio del organismo de gran número de personas, salvando la vida de muchos de los que se acercaron demasiado a esa luz hechizante y letal.

Hoy, ese triste recuerdo queda compensado por un hallazgo en el que Hanna ha participado. Acaba de salir publicado y está deseando contarle la noticia a su madre pero sobre todo a su abuela, que celebra su centenario. El azul de Prusia, ese pigmento omnipresente en la vida de las Bergfeld, se revelaba importante para el origen de la vida en el planeta. Hanna y su equipo se percataron de que el azul de Prusia bajo condiciones reinantes en la Tierra prebiótica (pH alcalino, temperaturas en torno a los 100ºC, y ambiente con humedad, amoniaco y sin oxígeno), permitía obtener diversos compuestos bioorgánicos. Fantasea con el asombro que mostrarán cuando, durante el almuerzo, les cuente que el azul de Prusia en esas condiciones produce, como principal precursor de moléculas biológicas, cianuro de hidrógeno, el mismo gas que ellas empleaban para desinfectar la ropa en el campo de Majdanek.

El simbolismo del azul de Prusia en la familia de Hanna ha encontrado una respuesta con un significado más universal. El potencial de la vida sobre la Tierra encerrado en la belleza de un pigmento.

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Para saber más:

Accidente radiológico de Goiânia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Accidente_radiológico_de_Goiânia

Atkins, A. (1843). Photographs of British algae: cyanotype impressions
http://on.nypl.org/2sgYdg0

Jusidman, Y. Página web del artista. http://www.yishaijusidman.com/es

Pastoureau, M. (2010). Azul. Historia de un color. Madrid: Paidós.

SINC. Relacionan el azul de Prusia con el origen de la vida. 11 de diciembre de 2009. http://bit.ly/2sKg900

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