jueves, 25 de mayo de 2017

Houston, tenemos una historia (I)

A las 21:08 horas GMT del 13 de abril de 1970, explotaba un tanque de oxígeno en una nave situada a unos 320.000 km de la Tierra. En la película, Tom Hanks se comunica con el centro de control y pronuncia la célebre frase: Houston, tenemos un problema. Un astrónomo puntilloso podría decir: “Eso no fue lo que dijo en realidad Jack Swigert”, y tendría razón. Al parecer, la frase exacta del astronauta fue “Houston, we’ve had a problem here” (Houston, hemos tenido un problema aquí). ¿Qué provocó que esta expresión se alterara?



A científicos y divulgadores les preocupa que un texto se manipule de este modo. Quieren que el público conozca los hechos de manera precisa y les causa rechazo cualquier adulteración del contenido. Por ello, suelen ser contrarios a la introducción de formas narrativas que, en tanto que literarias, implican una deformación del lenguaje con fines expresivos y estéticos.

Todos estamos de acuerdo en que si el mensaje de Swigert hubiera sido “Houston, todo va bien” ni siquiera tendríamos historia. La misión del Apolo 13 hubiera pasado a los anales de la astronáutica sin pena ni gloria. Sin embargo, sobrevino un acontecimiento inesperado, un antes y un después en el normal discurrir de la aventura que hace surgir una buena historia. Pero el conflicto quedaría cojo si no se expresa adecuadamente. La frase original de Swigert cambia de tiempo verbal (adopta el presente que refleja mayor urgencia) y de longitud (se hace más concisa). En mi opinión, una alteración que no desvirtúa significativamente los hechos que se transmiten al público, y que ayuda a captar su atención y complicidad de manera más eficaz.

Otro ejemplo de mensaje desvirtuado nos lo presenta Deborah García Bello, química y divulgadora científica, a partir del minuto 7:13 del siguiente vídeo.



En él nos muestra el sello que Correos emitió en 2007 para conmemorar el centenario del fallecimiento de Dimitri Mendeléiev, creador de la tabla periódica de los elementos. El diseño, realizado por el químico y profesor de la Universidad de Alicante Javier García Martínez, ilustra una tabla periódica inspirándose en las composiciones de Piet Mondrian.

Composición con rojo, amarillo y azul. Mondrian (1930).



Sello conmemorativo de Mendeléiev (2007)
















La idea me parece original. Los diferentes bloques de elementos (alcalinos, metales, no metales) aparecen definidos por distintos colores, y los cuatro pequeños cuadrados blancos representan los elementos predichos por Mendeléiev (escandio, tecnecio, galio y germanio) que fueron descubiertos posteriormente.

Deborah odia este diseño, y no por un motivo relacionado con la química sino con el arte. Mondrian jamás hubiera empleado el verde en una composición, como el que colorea el área que representa a las tierras raras (lantánidos o lantanoides), pues solo utilizaba los colores primarios tradicionales (rojo, amarillo y azul) además del blanco y el negro. Sin embargo, voy a echar mano de una licencia narrativa para tratar de salvar la crítica a este diseño.

Las tierras raras han protagonizado numerosos descubrimientos erróneos de lo que se creían nuevos elementos. El didimio, por ejemplo, se trataba de una mezcla de neodimio y praseodimio; el filipio, mezcla de holmio e itrio, y el decipio era en realidad samario con impurezas de neodimio y praseodimio. Mezclas de tántalo y niobio se consideraron elementos nuevos al menos en dos ocasiones, otorgándoles los nombres de pelopio y dianio. Tan reiteradas equivocaciones eran debidas a la gran similitud química entre los elementos de las tierras raras, lo que provocaba que sus mezclas fueran difíciles de separar. Mezclas como el color verde, resultado de combinar amarillo con azul. Así, se abre la posibilidad de dotar a una composición poco afortunada de un significado adicional, al emplear un componente que contrasta con el conjunto. Quizá, con el permiso de Mondrian (y el de Deborah), el verde no sea tan mal color para representar la peculiar naturaleza de este grupo de elementos.

¿Hasta dónde podemos (o debemos) introducir recursos narrativos al comunicar ciencia? ¿Hasta dónde recrear sin desvirtuar en exceso? ¿Cómo integrar de forma equilibrada el atractivo de una buena historia con la calidad de la información científica? Y por cierto, ¿qué entendemos por “una historia”?

(continúa en la parte II)

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Fuentes:

- R. Olson, Houston, we have a narrative, The University of Chicago Press, 2015.

- J. A. Bustelo, J. García, P. Román, Los elementos perdidos de la tabla periódica: sus nombres y otras curiosidades, An. Quím. 2012, 108(1), 57-64.
http://bit.ly/2r0B0f2

2 comentarios:

  1. la selección de los colores es un homenaje a la pagina web webelements.com por su difusión de la tabla periódica, como indica el autor en el articulo http://analesdequimica.es/index.php/AnalesQuimica/article/viewFile/432/421

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    1. ¡Muchas gracias por la información! Un dato más que explica la elección de los colores.

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