domingo, 27 de noviembre de 2016

El problema

Últimamente lo he visto apesadumbrado. Él, que siempre buscaba arañar cualquier instante para trabajar conmigo, se abandonó al hastío y a la melancolía. “¡Todo es geometría y número!”, solía decir con voz enérgica. Cualquier superficie era buena para garabatear curvas y ecuaciones. La pared del dormitorio, la arena de la playa o incluso una mesa en la casa de comidas, blanquecina de la tiza que materializaba sus pensamientos.

Solía pasear cabizbajo, inmerso en sus cálculos, hasta que algún paisano de Samos lo sacaba de su ensimismamiento.

—Pitágoras, tú siempre tan distraído. ¿Es que ya no conoces a los amigos?

Ahora apenas sale. Ya no le inspiran las sombras de los postes del puerto, ni los arcos del foro ni la fuente poligonal de la plaza. Nada lo animará hasta que no encuentre la solución a ese problema que lo obsesiona. Aunque no me está permitido hacerlo, no puedo soportar más su sufrimiento. Esta noche adoptaré la forma de musa y le susurraré en sueños la palabra mágica: hipotenusa.


Representación gráfica del Teorema de Pitágoras en la fachada del paraninfo de la Universidad de Zaragoza.