lunes, 24 de marzo de 2014

¿Divulgación científica? Ahora más que nunca (I)



- Nos falta conseguir un economista para presidente del Consejo Científico.
- Cuidado, hoy la economía es magia, por eso es el "saber" dominante. Un
  mago a cargo de la ciencia. Interesante.
Conversación entre dos usuarios de Twitter


Cuando la política se mete en asuntos de ciencia… malo, malo. Las decisiones que nuestros gobernantes toman a este respecto casi siempre resultan nefastas, y si resultan nefastas para la ciencia, lo son para el futuro, la innovación y la competitividad del país, temas que curiosamente se asoman a sus discursos con gran frecuencia.
          Y cuando afirmo que los políticos intentan “la cuadratura del círculo” con la ciencia, no me estoy refiriendo a que pretendan que se investigue más y mejor con cada vez menos recursos. Tampoco me refiero a su generosidad en formar a investigadores de primera línea para que deban marcharse a prestar sus valiosos servicios a otros países. No, no. Me refiero a la cuadratura del círculo propiamente dicha. Verán, les cuento.
          Resulta sorprendente para el no experto que construir, mediante regla y compás, un cuadrado con igual área que un círculo dado sea imposible. Hasta que el matemático Ferdinand Lindemann (1852 – 1939) demostró tal imposibilidad en 1882, se han registrado numerosos intentos para resolver el problema. El primero de ellos aparece en el Papiro Rhind junto a otros problemas matemáticos planteados hace 4.000 años. La naturaleza del número pi hace que no pueda ser representado ni mediante una fracción, ni empleando un método geométrico como el que permite obtener, por ejemplo, raíz de 2.


          Como se observa en la figura, si la diagonal de un cuadrado de lado 1 se traslada mediante compás a la recta real, se obtiene el valor de raíz de 2, como puede comprobarse mediante el teorema de Pitágoras
          En 1894, un médico rural aficionado a las matemáticas llamado Edwin J. Goodwin, decidió ignorar o no dar por buenos ni la demostración de Lindemann ni los cálculos del número pi de todos sus antecesores hasta llegar a Arquímedes. En un artículo publicado en The American Mathematical Monthly (sobre el que la revista declina toda responsabilidad), Goodwin realiza su particular cuadratura del círculo de la que se deducía que el valor de pi es 3,2. Este dislate no pasaría de un error anecdótico por parte de un aficionado a las matemáticas si no fuera por la segunda parte de la historia. Goodwin, satisfecho, registró su “descubrimiento”, pero quiso que los escolares de su estado natal, Indiana, se beneficiaran sin coste de su hallazgo. Tras hacerle llegar la idea al representante de la Asamblea legislativa, Taylor I. Record, éste presentó un proyecto de ley para la aprobación de la nueva “verdad matemática”. Con el visto bueno de la Comisión de Educación, pasó a votación en el Congreso que lo aprobó por unanimidad. El proyecto de ley 246 de 1897 sólo necesitaría la aprobación del Senado para establecer el nuevo valor de p en el Estado de Indiana.
          Por una afortunada casualidad, Clarence A. Waldo, profesor de matemáticas de la Universidad de Purdue, se encontraba en el Senado para gestionar el presupuesto de la Academia de Ciencias cuando se debatía el proyecto de ley sobre el número pi. Absolutamente horrorizado por la iniciativa, logró convencer a un grupo de senadores para que el proyecto no fuera aprobado.
          Podemos extraer como moraleja de este relato, que parece una fábula pero que es completamente real, que la ciencia está, entre otras cosas, para ayudar a los políticos en la toma de decisiones. Platón afirmaba que para un gobernante eran esenciales tanto las matemáticas como la filosofía. Y si el gobernante de turno sólo tiene formación en humanidades y una escasa formación científica (como suele ser en la inmensa mayoría de los casos) debería escuchar atentamente lo que los científicos pueden decirle. Manuel de León, director del Instituto de Ciencias Matemáticas del CSIC, comenta en su entrevista a El Confidencial que “debería ser casi obligatorio que la clase política se dejara asesorar más por los científicos”.

(continúa en parte II)

Fuentes:
Periódico El Confidencial, 4 de enero de 2014.

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