jueves, 29 de noviembre de 2007

Un "Robin Hood" del tiempo


Según la leyenda, el calendario romano fue creado por Rómulo, el mítico primer rey de Roma, cuando fundó la ciudad en el año 753 a.C. Este año pasaría a ser para los romanos el año 1 ab urbe condita o a.u.c. (desde la fundación de la ciudad). Por razón desconocida, Rómulo elaboró un año de sólo 10 meses con 304 días. El poeta Ovidio señaló que quizá lo quiso compendiar con "el tiempo que necesita un niño para salir del vientre de su madre", o por la fascinación que le causaba el número 10.
Rómulo comenzó a dar nombre a los meses y después pareció quedarse sin ideas. A los primeros cuatro meses los llamó Martius (marzo) por el dios de la guerra Marte; Aprilis (abril), por aperire (abrir) indicando el renacimiento de la primavera; Maius (mayo) por la diosa Maya, esposa de Vulcano, dios del fuego; Iunius (junio) por Juno, diosa protectora de la mujer y la maternidad. A partir de aquí, se limitó a contar el resto de los meses: quintilis, sextilis, september, october, november, december (quinto, sexto, septimo, octavo, noveno, décimo).
Este calendario tuvo una vida corta pues se desfasaba con las estaciones, haciéndolo impracticable para la agricultura. El sucesor de Rómulo, el rey Numa, añadió en el 700 a.C. (año 54 a.u.c.) dos meses al calendario: Ianuarius (enero), por el dios Jano que se representaba con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro; y Februarius (febrero) , mes de la purificación dedicado a la diosa Februa.
Durante siglos, el calendario romano fue una poderosa herramienta política que regía las fiestas, celebraciones, asuntos judiciales, días de mercado, por lo que constituía un secreto celosamente guardado por sacerdotes y aristócratas que no estaba al alcance de los comerciantes ni del resto del pueblo. Este monopolio del uso del calendario por la clase alta llegó a irritar tanto a los ciudadanos romanos que en el 304 a.C. un plebeyo, Cneo Flavio, robó las claves que determinaban el calendario y las puso en una tablilla en medio del foro para que todos lo vieran. Tras esto, los sacerdotes y patricios no tuvieron otra alternativa que decretar el calendario como documento público, democratizando por así decirlo, su uso. Desde este momento, el calendario podría ser utilizado por todos los romanos para regular las actividades agrícolas, sociales y comerciales de una manera más precisa, gracias a un precursor de Robin Hood que lo robó a los ricos para entregárselo a los pobres. Aunque aún quedaría algún que otro descalabro que solventar en la evolución del calendario... pero esa es otra historia.

Fuente: El calendario. David Ewing Duncan. Emecé Editores.