viernes, 28 de septiembre de 2007

La música de la vida


Desde la antigua Grecia, la música ha sido, además de un sublime vehículo para inspirar y transmitir las más intensas emociones, una manera de explicar el orden del universo. Los griegos conocían el espíritu matemático que reside en la música. En su ritmo, en la secuencia de sus notas se unen indisolublemente exactitud y emoción, armonía matemática y armonía estética, ciencia y arte. De esta manera, imaginaron que era la música quien otorgaba la precisión necesaria para el equilibrio del cosmos. El movimiento de los planetas y las estrellas estaba regido por el compás de la "sinfonía celestial", la mayor obra jamás compuesta, inaudible pero eterna y armoniosa.
Un magnífico ejemplo de comunión entre arte y ciencia. Ciertamente, un científico y un poeta que se entendieran, oirían la música de las galaxias como imaginaban los griegos. En un notable intento por realizar este sueño, la microbióloga Aurora Sánchez Sousa ha querido "oír" la melodía de un universo más pequeño aunque igual de fascinante: el mundo de los genes.
A semejanza de las notas musicales que siguen una secuencia sobre el pentagrama, los genes se ordenan igualmente formando un código bien definido sobre el pentagrama genético: el ADN. Así, asignando una nota a cada unidad genética, la lectura de una secuencia de ADN se convierte en una obra musical: la música del genoma (http://www.genomamusic.com).
Música que nos habla de los orígenes de la vida, de la herencia de nuestros ancestros. Melodías extrañas que parecen oírse desde muy lejos pero que forman parte, literalmente, de lo que somos y de lo que fuimos hace mucho, mucho tiempo.

(Para Daniehlla, por su cumpleaños. Gracias por la música de tus palabras)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Las estructuras en la naturaleza

Una búsqueda por las formas que construyen el mundo, trazando un hilo conductor que esconde la unidad subyacente en la variedad del universo.


El trabajo del científico que descubre las analogías entre dos organismos, las semejanzas entre dos grupos de fenómenos diferentes, es semejante al del artista.
Henri Poincaré


Marco Polo comienza a describir un puente, piedra a piedra:
Pero, ¿Cuál es la piedra que sostiene el puente?, pregunta Kublai Khan.
Al puente no lo soporta una u otra piedra, -replica Marco Polo-. Lo sostiene el arco que forman juntas.
Kublai Khan permanece en silencio. Piensa y, a continuación, añade:
¿Por qué me hablas entonces de las piedras? Es sólo el arco el que interesa.
Marco Polo contesta: Porque sin piedras, no hay arco.

http://www.equiposirius.com/catalogo/libros/equilibrio-de-tensiones-n117.html



martes, 18 de septiembre de 2007

¿Destruye la ciencia la belleza?

... ¿No se desvanecen los encantos sólo con que los toque la gélida filosofía?
Antes había en el cielo un sobrecogedor arco iris;
hoy conocemos su urdimbre, su textura; forma parte
del aburrido catálogo de las cosas vulgares.
La filosofía recorta las alas del ángel,
conquista los misterios con reglas y líneas,
despoja de embrujo el aire, de gnomos las minas;
desteje el arco iris...

"Lamia" (1820). John Keats



De esta manera, el poeta se lamenta de que la ciencia hubiera estropeado toda la carga poética del arco iris al explicar, de forma fría e impersonal, el mecanismo por el cual se produce. Isaac Newton, el brujo de la luz, fue el culpable de esta reacción en los poetas.
Mediante el conocido experimento con un prisma óptico, Newton logró descomponer en los distintos colores un haz de luz solar; el mismo efecto que producen las gotas de lluvia para crear en el cielo el arco multicolor. ¿Es verdad entonces que la explicación dada por la ciencia roba toda la magia y la belleza de este fenómeno?
Aunque así lo parezca, la ciencia es capaz de dotar de nueva belleza los hechos que se observan en la naturaleza porque nos permite admirarlos desde otros puntos de vista no explorados hasta ese momento. Newton no sólo no destruyó la belleza del arco iris, sino que abrió nuevos campos y posibilidades de percepción de la belleza. Al descubrir que cada color se dispersa en un ángulo muy preciso, resulta que no todos vemos el mismo arco iris. Personas situadas en lugares diferentes, ven arco iris diferentes. Cada uno de nosotros tiene su propio arco iris, distinto del que perciben los demás. Hasta Keats tenía su propio arco iris, único e irrepetible, con toda la potencialidad poética que pudiera destilar... pero él no lo sabía.