martes, 18 de septiembre de 2007

¿Destruye la ciencia la belleza?

... ¿No se desvanecen los encantos sólo con que los toque la gélida filosofía?
Antes había en el cielo un sobrecogedor arco iris;
hoy conocemos su urdimbre, su textura; forma parte
del aburrido catálogo de las cosas vulgares.
La filosofía recorta las alas del ángel,
conquista los misterios con reglas y líneas,
despoja de embrujo el aire, de gnomos las minas;
desteje el arco iris...

"Lamia" (1820). John Keats



De esta manera, el poeta se lamenta de que la ciencia hubiera estropeado toda la carga poética del arco iris al explicar, de forma fría e impersonal, el mecanismo por el cual se produce. Isaac Newton, el brujo de la luz, fue el culpable de esta reacción en los poetas.
Mediante el conocido experimento con un prisma óptico, Newton logró descomponer en los distintos colores un haz de luz solar; el mismo efecto que producen las gotas de lluvia para crear en el cielo el arco multicolor. ¿Es verdad entonces que la explicación dada por la ciencia roba toda la magia y la belleza de este fenómeno?
Aunque así lo parezca, la ciencia es capaz de dotar de nueva belleza los hechos que se observan en la naturaleza porque nos permite admirarlos desde otros puntos de vista no explorados hasta ese momento. Newton no sólo no destruyó la belleza del arco iris, sino que abrió nuevos campos y posibilidades de percepción de la belleza. Al descubrir que cada color se dispersa en un ángulo muy preciso, resulta que no todos vemos el mismo arco iris. Personas situadas en lugares diferentes, ven arco iris diferentes. Cada uno de nosotros tiene su propio arco iris, distinto del que perciben los demás. Hasta Keats tenía su propio arco iris, único e irrepetible, con toda la potencialidad poética que pudiera destilar... pero él no lo sabía.

2 comentarios:

  1. Las "hadas" estan de acuerdo con Keats... Basta un roce físico en lo frágil de sus alas para que se pulverice la magia... Basta pisar la "Luna" para descubrirla llenita de cráteres...

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  2. No no. Yo soy poeta y sé perfectamente cuál fue el gran problema de Keats... Además empatizo con él; Keats no podía entenderlo, básicamente porque tú no estabas ahí para explicárselo. Si hubieras estado, habría soñado meses y meses con la "fansasía" de tener su propio arcoiris y habría escrito mil cosas pensando en los cientos de arcoiris de los demás.


    Tú haces esa "magia" que da a la ciencia calidez y sensibilidad. Es un regalo conocerte.

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