lunes, 31 de diciembre de 2007

¡Cómo pasa el tiempo!





Nos preparamos para despedir el año que ha transcurrido, y dar la bienvenida a otro ciclo de 12 meses. ¡Cómo pasa el tiempo! Se me ocurre repetir esta misma frase pero cambiando los signos de admiración por interrogación: ¿Cómo pasa el tiempo?
Una pregunta extraña, quizá, pues damos por sentado que el tiempo siempre fluye, nunca se detiene. En nuestros relojes, en nuestros calendarios... pero, ¿qué tipo de realidad es el tiempo? ¿Es algo que podemos definir o es una mera sensación que experimentamos? Se podría afirmar que el hecho de envejecer es una prueba del paso del tiempo, o la capacidad de distinguir entre pasado y futuro... Y ese tiempo, ¿transcurre igual para todos? ¿avanza siempre de manera inexorable o fluye de manera diferente según las personas o las circunstancias? ¿Existirá el tiempo o será todo una ilusión? Cuestiones filosóficas y científicas no fáciles de contestar...
Yo, de momento, os hago llegar mis mejores deseos para el 2008 y os invito a ver estos videos sobre opiniones controvertidas acerca del tiempo. Feliz año nuevo.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Un "Robin Hood" del tiempo


Según la leyenda, el calendario romano fue creado por Rómulo, el mítico primer rey de Roma, cuando fundó la ciudad en el año 753 a.C. Este año pasaría a ser para los romanos el año 1 ab urbe condita o a.u.c. (desde la fundación de la ciudad). Por razón desconocida, Rómulo elaboró un año de sólo 10 meses con 304 días. El poeta Ovidio señaló que quizá lo quiso compendiar con "el tiempo que necesita un niño para salir del vientre de su madre", o por la fascinación que le causaba el número 10.
Rómulo comenzó a dar nombre a los meses y después pareció quedarse sin ideas. A los primeros cuatro meses los llamó Martius (marzo) por el dios de la guerra Marte; Aprilis (abril), por aperire (abrir) indicando el renacimiento de la primavera; Maius (mayo) por la diosa Maya, esposa de Vulcano, dios del fuego; Iunius (junio) por Juno, diosa protectora de la mujer y la maternidad. A partir de aquí, se limitó a contar el resto de los meses: quintilis, sextilis, september, october, november, december (quinto, sexto, septimo, octavo, noveno, décimo).
Este calendario tuvo una vida corta pues se desfasaba con las estaciones, haciéndolo impracticable para la agricultura. El sucesor de Rómulo, el rey Numa, añadió en el 700 a.C. (año 54 a.u.c.) dos meses al calendario: Ianuarius (enero), por el dios Jano que se representaba con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro; y Februarius (febrero) , mes de la purificación dedicado a la diosa Februa.
Durante siglos, el calendario romano fue una poderosa herramienta política que regía las fiestas, celebraciones, asuntos judiciales, días de mercado, por lo que constituía un secreto celosamente guardado por sacerdotes y aristócratas que no estaba al alcance de los comerciantes ni del resto del pueblo. Este monopolio del uso del calendario por la clase alta llegó a irritar tanto a los ciudadanos romanos que en el 304 a.C. un plebeyo, Cneo Flavio, robó las claves que determinaban el calendario y las puso en una tablilla en medio del foro para que todos lo vieran. Tras esto, los sacerdotes y patricios no tuvieron otra alternativa que decretar el calendario como documento público, democratizando por así decirlo, su uso. Desde este momento, el calendario podría ser utilizado por todos los romanos para regular las actividades agrícolas, sociales y comerciales de una manera más precisa, gracias a un precursor de Robin Hood que lo robó a los ricos para entregárselo a los pobres. Aunque aún quedaría algún que otro descalabro que solventar en la evolución del calendario... pero esa es otra historia.

Fuente: El calendario. David Ewing Duncan. Emecé Editores.

viernes, 26 de octubre de 2007

La paciencia: transformadora del mundo


Existen varias definiciones que pueden aplicarse al término paciencia. Podríamos considerarla como la capacidad para soportar con resignación desgracias o infortunios. También podría aplicarse a la calma para realizar trabajos minuciosos o de mucho detalle, o a la persona con lentitud excesiva. Sin embargo, me quedaré con otra acepción de la palabra: tranquilidad para esperar.
En realidad, su origen viene del latín patior, páteris que significa padecer. De aquí que, en medicina, se denomine al enfermo (al que padece) como paciente.
Volviendo al significado de paciencia como "tranquilidad para esperar", me hice la siguiente pregunta: ¿cuánto hubo que esperar para que el mundo donde vivimos tuviera su aspecto actual? ¿Cuánto tiempo pensamos que fue necesario desde la formación de nuestro planeta hasta la aparición de la especie humana?
En el siglo XVII era comunmente aceptado que la Tierra tenía una antigüedad de uns 6000 años, a raíz de que el arzobispo irlandés James Ussher realizara un cálculo basado en la Biblia. Afirmó que el momento de la Creación tuvo lugar el 23 de octubre del 4004 a.C. Por esa misma época, el naturalista francés Georges Buffon trató de estimar la edad del planeta calculando el tiempo que tardaba en enfriarse una esfera caliente, trasladando el resultado a la Tierra desde su formación como una masa incandescente. La cifra se elevó hasta los 75000 años.
Fue el geólogo Charles Lyell al observar cómo, por ejemplo, terrenos que hoy estaban a 1000 metros de altitud, antiguamente se encontraban en el fondo del océano debido a los fosiles de conchas marinas hallados en ellos, se planteó que el relieve de la Tierra no sólo había experimentado grandes cambios desde su creación, sino que eran necesarios lapsos de tiempo mucho más largos para que estos cambios sucedieran. Para Lyell, las mismas modificaciones inapreciables que se dan en la actualidad, habían formado montañas donde antes había llanuras, y habían emergido tierras que antes estaban sumergidas.
Con el estudio de las rocas y los fosiles que contenían, Lyell estimó que la edad de la Tierra era de unos 600 millones de años.
Pero las cosas volverían a cambiar con el descubrimiento de la radiactividad. Los elementos radiactivos se convirtieron en herramientas muy eficaces para fechar la antigüedad de las rocas. Hubo que esperar hasta 1953 para que el geoquímico Clair Patterson pensara en analizar de esta manera los meteoritos caídos a la Tierra, al considerarlos material sobrante de la formación del sistema solar. Cuando Patterson obtuvo los primeros resultados, se puso tan nervioso que se dirigió al hospital por si estaba sufriendo un ataque al corazón: 4550 millones de años.
Finalmente, se situaba la edad de la Tierra en el lugar correcto, y se tenía testimonio del principal ingrediente para formar montañas y valles, o para separar continentes: la paciencia para que cambios imperceptibles logren acumular resultados apreciables. Si tenemos mucho tiempo disponible y se desea presenciar cómo se moldea nuestro mundo, sólo hemos de sentarnos y observar, eso sí, armados de mucha paciencia.

martes, 16 de octubre de 2007

La frontera infinita













En ocasiones, conseguimos que la fortuna nos roce con su velo sutil y encontramos un auténtico tesoro en forma de persona que se cruza en nuestro camino. Una persona que, poco a poco, va formando parte indisoluble de ti, con quien "lo mío" va dando paso a "lo nuestro". Un alma gemela con quien logras construir una nueva dimensión, donde todas las cosas cobran sentido entre ambos y donde las ilusiones e inquietudes se enriquecen al ser compartidas.
Un mundo en ciernes que adquiere su realidad al concebir esa nueva dimensión, más allá del espacio y el tiempo. Un lugar donde los pequeños detalles, casi infinitesimales, son los que trascienden con alma de infinito, para convertir ese mundo en todo un universo.
Algunas formas en las que la naturaleza se organiza, puede darnos un ejemplo sobre cómo apreciar nuevas dimensiones, cómo mediante detalles infinitesimales se construye algo inabarcable. Se conocen con el nombre de fractales.
De origen irregular y extraño, pero de peculiar belleza, son figuras que parecen escapar a nuestro sentido común. No pensamos muy a menudo en la manera en que se forma un copo de nieve, pues incluso bajo el microscopio su efímera existencia no logra revelarnos sus secretos más asombrosos. Construyamos uno de ellos conocido como copo de Koch, por el matemático que lo descubrió. Partiendo de un triángulo, se van añadiendo triángulos más pequeños en el centro de cada lado, repitiéndose este proceso indefinidamente. Finalmente, se consigue el ansiado copo de nieve que encierra una superficie limitada, pero con un perímetro tan intrincado que adquiere longitud infinita.
La hoja de un helecho también está gobernada por esta peculiar construcción, volviéndose autosemejante, pues cada subdivisión de la hoja se convierte en una reproducción exacta, a menor escala, de la hoja original.
Continuaremos desgranando este universo de nuevas dimensiones, de descubrimientos y autosemejanzas donde, como en el mundo de las emociones, el todo es más que la suma de dos partes, que se encuentran y se unen.
Enlace: Smart Planet

domingo, 7 de octubre de 2007

La inmortalidad de Henrietta Lacks

El pasado 4 de octubre se cumplieron 56 años del fallecimiento de una mujer que realizó una contribución de valor incalculable a la investigación médica. Se llamaba Henrietta Lacks. Residía junto a su marido y sus cinco hijos en Baltimore (EE.UU.), a donde se habían trasladado desde Virginia para que su esposo encontrara trabajo. Corría el año 1951 cuando, paralelamente a una manifestación en Nueva York pidiendo una cura para la poliomielitis, Henrietta acudió al hospital Jonhs Hopkins para someterse a una exploración ginecológica debido a las importantes hemorragias que sufría. Desgraciadamente, fue diagnosticada de un tumor en el útero que acabó con su vida ocho meses después. En el hospital habían extraído una muestra de células tumorales para realizar un cultivo con ellas y ser posteriormente estudiadas. Las características de estas células resultaron asombrosas. En los cultivos de laboratorio, las células humanas normales mueren tras haberse multiplicado unas 50 veces, debido al inevitable proceso de envejecimiento. Las células extraídas de Henrietta poseían un vigor sorprendente, conservando su capacidad de multiplicación de manera ilimitada. Eran, literalmente, inmortales.

Las células HeLa (denominadas así por las iniciales del nombre y apellido de Henrietta) fueron distribuyéndose por los laboratorios de todo el mundo que se dedicaban al estudio de las enfermedades mediante el cultivo de células. De hecho, el desarrollo de la tan deseada vacuna contra la poliomielitis, fue desarrollada mediante cultivos de células HeLa. Desde entonces, se han realizado y se realizan múltiples estudios médicos gracias a las células HeLa.

Que nuestro recuerdo y nuestro agradecimiento a Henrietta continúe eternamente vivo, de la misma manera que sigue viviendo esa valiosa porción de su persona que legó a toda la humanidad.

viernes, 28 de septiembre de 2007

La música de la vida


Desde la antigua Grecia, la música ha sido, además de un sublime vehículo para inspirar y transmitir las más intensas emociones, una manera de explicar el orden del universo. Los griegos conocían el espíritu matemático que reside en la música. En su ritmo, en la secuencia de sus notas se unen indisolublemente exactitud y emoción, armonía matemática y armonía estética, ciencia y arte. De esta manera, imaginaron que era la música quien otorgaba la precisión necesaria para el equilibrio del cosmos. El movimiento de los planetas y las estrellas estaba regido por el compás de la "sinfonía celestial", la mayor obra jamás compuesta, inaudible pero eterna y armoniosa.
Un magnífico ejemplo de comunión entre arte y ciencia. Ciertamente, un científico y un poeta que se entendieran, oirían la música de las galaxias como imaginaban los griegos. En un notable intento por realizar este sueño, la microbióloga Aurora Sánchez Sousa ha querido "oír" la melodía de un universo más pequeño aunque igual de fascinante: el mundo de los genes.
A semejanza de las notas musicales que siguen una secuencia sobre el pentagrama, los genes se ordenan igualmente formando un código bien definido sobre el pentagrama genético: el ADN. Así, asignando una nota a cada unidad genética, la lectura de una secuencia de ADN se convierte en una obra musical: la música del genoma (http://www.genomamusic.com).
Música que nos habla de los orígenes de la vida, de la herencia de nuestros ancestros. Melodías extrañas que parecen oírse desde muy lejos pero que forman parte, literalmente, de lo que somos y de lo que fuimos hace mucho, mucho tiempo.

(Para Daniehlla, por su cumpleaños. Gracias por la música de tus palabras)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Las estructuras en la naturaleza

Una búsqueda por las formas que construyen el mundo, trazando un hilo conductor que esconde la unidad subyacente en la variedad del universo.


El trabajo del científico que descubre las analogías entre dos organismos, las semejanzas entre dos grupos de fenómenos diferentes, es semejante al del artista.
Henri Poincaré


Marco Polo comienza a describir un puente, piedra a piedra:
Pero, ¿Cuál es la piedra que sostiene el puente?, pregunta Kublai Khan.
Al puente no lo soporta una u otra piedra, -replica Marco Polo-. Lo sostiene el arco que forman juntas.
Kublai Khan permanece en silencio. Piensa y, a continuación, añade:
¿Por qué me hablas entonces de las piedras? Es sólo el arco el que interesa.
Marco Polo contesta: Porque sin piedras, no hay arco.

http://www.equiposirius.com/catalogo/libros/equilibrio-de-tensiones-n117.html



martes, 18 de septiembre de 2007

¿Destruye la ciencia la belleza?

... ¿No se desvanecen los encantos sólo con que los toque la gélida filosofía?
Antes había en el cielo un sobrecogedor arco iris;
hoy conocemos su urdimbre, su textura; forma parte
del aburrido catálogo de las cosas vulgares.
La filosofía recorta las alas del ángel,
conquista los misterios con reglas y líneas,
despoja de embrujo el aire, de gnomos las minas;
desteje el arco iris...

"Lamia" (1820). John Keats



De esta manera, el poeta se lamenta de que la ciencia hubiera estropeado toda la carga poética del arco iris al explicar, de forma fría e impersonal, el mecanismo por el cual se produce. Isaac Newton, el brujo de la luz, fue el culpable de esta reacción en los poetas.
Mediante el conocido experimento con un prisma óptico, Newton logró descomponer en los distintos colores un haz de luz solar; el mismo efecto que producen las gotas de lluvia para crear en el cielo el arco multicolor. ¿Es verdad entonces que la explicación dada por la ciencia roba toda la magia y la belleza de este fenómeno?
Aunque así lo parezca, la ciencia es capaz de dotar de nueva belleza los hechos que se observan en la naturaleza porque nos permite admirarlos desde otros puntos de vista no explorados hasta ese momento. Newton no sólo no destruyó la belleza del arco iris, sino que abrió nuevos campos y posibilidades de percepción de la belleza. Al descubrir que cada color se dispersa en un ángulo muy preciso, resulta que no todos vemos el mismo arco iris. Personas situadas en lugares diferentes, ven arco iris diferentes. Cada uno de nosotros tiene su propio arco iris, distinto del que perciben los demás. Hasta Keats tenía su propio arco iris, único e irrepetible, con toda la potencialidad poética que pudiera destilar... pero él no lo sabía.