sábado, 8 de julio de 2017

Sánchez Dragó, todo un Homo erectus


Lo que mi libro cuenta —cuenta— es la intentona de llegar hasta una edad tan avanzada como la que ahora tengo con los mismos arrestos que tenía en mi juventud. Mi rostro refleja el paso, el peso y el poso de los años; mi forma de vivir, no. Resulta petulante hablar de eterna juventud, pero quizá no lo sea pensar que ese estado, además de un don, es también el fruto de la búsqueda: la de algo a lo que he decidido llamar “Elixir Dragó”.

Así anuncia usted, señor Sánchez Dragó, en su libro Shangri-La: el elixir de la eterna juventud, su periplo a través de pócimas y mejunjes para conseguir, tras selección personal y siendo su propio conejillo de Indias, una serie de productos que comercializa bajo la marca “Elixir Dragó”. Dentro de este conjunto de complementos alimenticios que usted populariza, hay uno con una fórmula a base de fenogreco y abrojo cuyo nombre (Homo erectus) deja claro qué parte del organismo masculino pretende vigorizar.




Por lo que compruebo, una de sus fuentes de inspiración e información para estos remedios ha sido la cultura milenaria japonesa. A mí, sin embargo, cuando oigo “Homo erectus” no me da por lo milenario sino por lo millonario, y me explico. En el yacimiento de Koobi Fora, junto al Lago Turkana (Kenia), se han encontrado pruebas de que la especie Homo erectus ya dominaba el fuego hace 1,6 millones de años. Su uso para la cocción de alimentos resultó un avance gigantesco, pues permitiría reducir el tamaño del aparato digestivo y disminuir los recursos y la energía necesaria para aprovechar los nutrientes. Esta es una de las cosas que el Homo erectus, señor Sánchez Dragó, de verdad ha hecho por usted. Conseguir que la alimentación no requiera la mayor parte de su energía y de su tiempo para que pueda ocuparse de otras labores, incluso hasta de escribir.

De haber seguido consumiendo alimentos crudos, peor aprovechados por el organismo que los cocinados, es probable que Homo erectus hubiese recibido sus complementos alimenticios como agua de mayo. Pero con la alimentación actual, y aunque usted piense que la dieta mediterránea es un camelo, a este Homo sapiens que le escribe no se la da con queso.

Es usted persona dada a los matices, cosa valiosa en la vida donde nada es blanco o negro aunque, como toda cualidad, hay que saberla usar. Para usted hay pseudociencias que no son tales, como la homeopatía o la acupuntura, y otras que considera engañabobos como el reiki o las flores de Bach. De igual forma, para usted hay ciencia de la buena, como la medicina que le hace sus chequeos y análisis, y ciencia integrista como la que “se cree en posesión de la verdad y expulsa del templo a quien no piensa igual”. Me perdonará, señor Sánchez Dragó, si no me guío por sus criterios, algo arbitrarios para mi gusto.

Es posible que su mala relación con la ciencia provenga de su propia naturaleza. Como usted mismo admite en su libro, “Soy excéntrico. Soy caprichoso. No lo puedo evitar. Lo he sido siempre”. Además de caprichoso, es usted temerario al convertirse en una cobaya que ha llegado a ingerir 68 pastillas diarias, aunque fueran de herbolario. En contraste, la ciencia tiene carácter provisional (que no caprichoso), es decir, saca conclusiones con las evidencias que puede obtener, y deja la puerta abierta a que nuevas evidencias la conduzcan a corregir o completar lo afirmado. De este modo, la ciencia nunca es temeraria ya que ni sostiene lo que no puede probar, ni mantiene verdades inamovibles.

Quizá, debido a una nostalgia ancestral, se haya visto usted impulsado a experimentar personalmente como se vio obligado a hacer el Homo erectus. Este noble antepasado descubrió, sin ser consciente, las reacciones de Maillard, responsables del color dorado, del sabor y de los aromas de los asados, deliciosa pitanza que gusta encajarse de vez en cuando. Pero además Homo erectus tuvo la misma inquietud viajera que usted al salir de su (nuestra) África natal para establecerse con bastante éxito en Asia oriental, sobre todo en China e Indonesia. Claro que no tuvo la suerte de toparse con ese hongo portentoso que usted consume desde la década de 1990, el Sumo Reishi, con el cual Homo erectus hubiera aspirado a acercar su esperanza de vida (entre los 30 y los 40 años) hasta los envidiables 80 años que usted luce. Digo yo que, por muchas propiedades que tenga el hongo de marras, también debe tener algo de mérito el triple bypass coronario que le practicaron hace 12 años.

Y hablando de esperanza de vida, no deja de sorprenderme que los japoneses no gozaran de mayor longevidad en un país de medicina milenaria. A principios del siglo XX aún no podían aspirar a vivir más que el Homo erectus, y lograron sobrepasar los 60 años en 1951. Imagino que para usted tiene una explicación muy sencilla: las bondades del Sumo Reishi estaban reservadas en exclusiva para el emperador y su familia.

No obstante, debo romper una lanza en su favor. Como cuenta —cuenta— en su libro
No soy médico, ni biólogo, ni divulgador científico, ni nada que guarde relación con esas profesiones. Soy, sólo, escritor, y todo lo que escribo es, para bien o para mal, literatura.

Avisa al lector de que su entretenida historia es sólo el relato de sus experiencias personales, narrativa autobiográfica de “andar, ver, escuchar y contar”. Esta advertencia dice mucho de usted. Normalmente, los charlatanes vendedores de panaceas y crecepelos no tienen la misma gentileza con sus potenciales víctimas.

sábado, 3 de junio de 2017

Houston, tenemos una historia (y IV)

(Viene de la parte III)

Una narrativa adecuada cobra especial importancia en la imagen que el público se hace ante determinadas repercusiones o controversias de la ciencia. En 1916, el Congreso de los Estados Unidos estableció el Acta de Parques Nacionales con el propósito de
preservar el paisaje, los objetos naturales y la vida silvestre, para disfrutar de los mismos de manera a mantenerlos intactos para las generaciones futuras.
Este texto, además de formar parte de una ley federal, forma parte de una historia. La historia de la naturaleza, que comenzó mucho antes de nuestra llegada, y que tiene un final cerrado: nuestro eventual paso ha de permitir que esta historia termine como empezó, con la misma escena intacta. Pero las cosas en nuestro mundo no son tan simples como nos gustaría, sobre todo desde que el cambio climático entró en nuestro vocabulario antes que en nuestras mentes.

En 2012, el National Park Service hizo una revisión de sus objetivos. Las recomendaciones cambiaron debido a que en el presente existe
un cambio continuo que no se alcanza a comprender completamente, con el fin de preservar la integridad ecológica y la autenticidad cultural, proporcionar a los visitantes experiencias transformadoras, y formar el núcleo de una conservación del paisaje terrestre y marino.
¡Ahí queda eso! Si empleamos los esquemas vistos en la parte III de este post, comprobamos que el esquema ABT del texto de 1916 se ha transformado en un esquema AAA; es decir, una historia sencilla y bien estructurada se ha convertido en una enumeración ambigua de intenciones, que no se fundamenta en una causa identificable y con un final abierto que nadie conoce.

Comprendo que la ciencia debe ser prudente. No puede aventurarse a conclusiones precipitadas cuando las causas no se conocen bien, o cuando responden a múltiples variables difíciles de cuantificar. Pero esa prudencia de la ciencia no puede transformarse en confusión por parte del público, porque se habrá perdido una oportunidad de comunicar que no será tan eficaz una vez creado el desconcierto. Y como de crisis naturales va la cosa, analicemos dos de ellas, cuyas narrativas y resultados han sido claramente dispares. La primera de estas crisis presenta el esquema idoneo de una historia, una historia tan arquetípica que parece una fábula y que, sin embargo, sucedió:

Érase una vez que en un pequeño planeta azul hubo una crisis atmosférica que amenazó a toda la humanidad. [Y] A principios de la década de 1980 el problema parecía grave, [PERO] entonces las naciones del mundo se unieron y aprobaron un tratado. [POR LO TANTO] Hoy ese problema está listo para desaparecer.

Este microcuento resume la crisis conocida como agujero de la capa de ozono, el acusado descenso de la concentración de ozono a nivel de la estratosfera. Sólo dos años después del descubrimiento del “agujero de ozono” antártico, dado a conocer en mayo de 1985, todos los estados miembros de las Naciones Unidas suscribieron el Protocolo de Montreal para la reducción de los compuestos que atacan la capa de ozono, principalmente los clorofluorocarbonos (CFC). A pesar de voces discordantes como la firma DuPont (el mayor productor mundial de CFC), que trató de convencer a gobiernos y al público de que estos compuestos no eran responsables de la disminución del ozono, el Protocolo de Montreal se ha convertido en un exitoso ejemplo de cooperación internacional que ya ha comenzado a dar sus frutos: tras la máxima extensión del agujero antártico, registrada en septiembre de 2000, se ha logrado reducir en unos 4 millones de kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a la Unión Europea (Brexit incluido).

Sin embargo, la reciente decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París nos recuerda que la historia del cambio climático es muy distinta a la del agujero de ozono, pues carece de los atributos narrativos necesarios para causar un impacto equivalente:

  • TIEMPO LINEAL. No hay una secuencia clara de eventos sobre la que construir un hilo narrativo. En 1988, el principal científico climático James Hansen testificó ante el Congreso durante ese verano excepcionalmente caluroso, y dijo que era hora de abordar el posible problema del calentamiento global, pero el problema desapareció de las noticias durante más de una década. Volvió a las noticias con el Protocolo de Kioto (1997) solo de manera informativa. El Katrina y el documental de Al Gore (Una verdad incómoda) lo pusieron de actualidad en 2005-2006 una vez más, pero las noticias se disiparon nuevamente como los huracanes, hasta que llegó el Huracán Sandy en 2012.

  • CAUSALIDAD. Para quienes la conocen, la diferencia entre el tiempo meteorológico y el clima es tan clara como la diferencia entre los patrones a corto y a largo plazo, pero no es tan obvio para el público. El resultado es una sensación de aleatoriedad que sugiere una falta de causalidad. Esto sucedió durante el “verano de los huracanes” de 2005, durante el cual cinco de los mayores ciclones llegaron a Estados Unidos, entre ellos el Huracán Katrina. Los movimientos contra el calentamiento global intensificaron su denuncia aprovechando este episodio. Sin embargo, los años siguientes socavaron la urgencia de abordar el problema, ya que no se registró ningún huracán de intensidad comparable.

  • PROTAGONISTA ÚNICO. Para el público, es atractivo que las causas sean dirigidas por líderes solitarios. Se pueden plantear todo tipo de razones cognitivas por las que el público necesita concentrar su atención en un individuo reconocible, y es el motivo por el que las historias requieren protagonistas. El exvicepresidente Al Gore podría haber sido ese líder, pero sólo duró un tiempo en el candelero del cambio climático. Los protagonistas de esta historia son los numerosos “ecohéroes” que luchan para salvar el planeta, pero esto no ayuda a construir la historia del calentamiento global y a que la población conecte con ella: el dolor de un individuo es una tragedia, el dolor de millones de individuos es sólo una estadística.

  • CIERRE FINAL.- La narrativa funcionaría si el final de la historia permitiera un restablecimiento del “equilibrio natural”: se toman acciones y las cosas vuelven a ser como antes. Pero la narrativa del calentamiento global no proporciona un final cerrado. Fundamentalmente es una batalla entre las fuerzas de mitigación (¡Podemos detenerlo!) y las fuerzas de adaptación (“Es demasiado tarde. El momento para resolverlo ha pasado”). El aumento del dióxido de carbono en la atmósfera refleja el problema creciente de la química atmosférica, en el que la posibilidad de devolver las cosas a la “normalidad” ha desaparecido. Es una narrativa que sigue una dirección desconocida.
 
Para finalizar esta serie de posts, me atrevo a extraer dos moralejas. Por un lado, recuerdo a muchos científicos insistir en la conveniencia de que el periodista posea cierto nivel de conocimientos científicos para evitar noticias malinterpretadas o tergiversadas. Aceptar esta exigencia supone, en mi opinión, que el científico también deba poseer conocimientos sobre narrativa, pues si este aspecto ya tiene importancia en la comunicación entre pares, no digamos cuando se divulga al público. Si como vimos en la parte II de este post, las revistas científicas promovieron el uso del formato IMRAD para la publicación de artículos, ya hay quienes recomiendan en sus guías de estilo el empleo de formatos más narrativos como, por ejemplo, la Association for the Sciences of Limnology and Oceanography (ASLO).

Por otro lado, igual de deseable es un público con cultura científica que un científico con cultura narrativa, y no me refiero a que tenga afición por la literatura. Tener cultura narrativa es conocer las reglas básicas para crear historias reveladoras y persuasivas, y emplearlas para comunicar ciencia tanto a sus colegas como al público. Es tener la habilidad para convertir una charla de divulgación, en la que simplemente se enumeran una serie de hechos curiosos o sorprendentes, en una narración que cautive al espectador, sobre todo al nuevo espectador. “Cuéntame historias”, le pidió el codescubridor de la estructura del ADN, Francis Crick, al finalizar una cena en la que coincidió con el magnífico narrador de la neurología, Oliver Sacks.

Pero claro, si pensamos que cuidar la calidad narrativa de un texto (científico o divulgativo) es hacer “literatura sofisticada”, no vamos por buen camino. “La simplicidad es la máxima sofisticación”, dice la cita atribuida a Leonardo, porque las buenas historias siempre son, en esencia, sencillas y claras. Por eso el Apolo 13 cautivó la atención de millones de espectadores pues, más allá del contexto de la misión espacial, la historia era conocida por todos. Da igual que fuera Jack Swigert o Ulises; se trataba de una aventura donde el protagonista lucha por su vida para regresar a casa sano y salvo.

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Fuente:

- R. Olson, Houston, we have a narrative, The University of Chicago Press, 2015.

martes, 30 de mayo de 2017

Houston, tenemos una historia (III)

(Viene de la parte II)

La ciencia está atascada en un mundo narrativo porque lo que conocemos hoy como storytelling le lleva mucha ventaja. Contamos historias desde hace al menos 4.000 años, mientras que la ciencia se comunica desde hace solo el 10% de ese tiempo. Con la Epopeya de Gilgamesh, una narración sumeria, nace el propio concepto de narrativa en la que se considera la historia más antigua conocida. Recupero aquí la pregunta que lancé al final de la primera parte de este post, pues a pesar de que las historias están profundamente incrustadas en la programación de nuestro cerebro, no siempre tenemos claro en qué consisten. Pongo un primer ejemplo con lo sucedido en el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta (o CDC por sus siglas en inglés), una institución popularizada por la serie House. Una de las responsables de comunicación del CDC confesaba su frustración al hablar con los científicos del centro. Cuando les preguntaba qué les gustaría comunicar al público, los científicos decían que querían contar la historia del CDC.

Bien, ¿y cuál es la historia del CDC? —preguntó ella.
Pues ya sabes —respondieron los científicos—, todas las enfermedades que combatimos desde aquí, los fármacos que desarrollamos, los galardones que hemos obtenido…
Todo eso está muy bien —replicó la comunicadora—, pero eso no es una historia. Una historia comienza cuando sucede algo.


Hagamos un ejercicio para entender qué puede considerarse una historia. Imaginemos un certamen de microrrelatos científicos al que remitimos los siguientes dos textos:

TEXTO 1

Mi historia marca la destrucción de un sueño. El origen divino de la vida me condicionó durante mucho tiempo, y la llegada de respuestas decepcionó a unos y maravilló a otros. Aunque existo desde antiguo, fui anónima hasta hace dos siglos, cuando dos naturalistas me pusieron el mismo nombre sin haberse puesto de acuerdo. Ya estaba en el ambiente que pronto conseguiría grandes avances.

Las criaturas más diminutas me ayudaron a mostrar que todos los seres poseen los mismos “ladrillos” y la misma manera de funcionar. Un viaje alrededor del mundo me llevó a sospechar que las especies cambian y que provienen unas de otras; un huerto de guisantes me desveló el lenguaje con que se comunican las generaciones, y una fotografía robada el esqueleto de ese vínculo.

Lamento que mi existencia despoje a la vida de esa condición especial. Todo lo que sois puede explicarse por una mezcla de azar, oportunidad, cooperación y supervivencia. Sí, sólo una mezcla. Pero una mezcla muy particular.

TEXTO 2

Nunca antes la codicia por el oro desembocó en un fin más noble. Nunca antes secretos mágicos habían transformado el ocultismo en conocimiento. Matraces y retortas humeantes producían tintes, venenos y perfumes sin orden ni concierto. [Y] Cada sustancia fue analizada; [Y] cada licor, destilado; [Y] cada roca, machacada.

[PERO] Las sustancias descubiertas se acumulaban y nadie sabía cómo se relacionaban ni cuántas quedarían por descubrir. Las había blandas como la plastilina y explosivas en contacto con el agua. Las había pesadas y ligeras, malolientes y venenosas, inertes y reactivas.

[POR LO TANTO] Era necesaria una explicación que llegó con un barbudo tahúr. Retó a la materia a los naipes y ganó limpiamente la partida de su vida, a pesar de que su oponente se había escondido varias cartas en la manga.

El primer texto personifica la Biología y el segundo retrata a la Química, pero sólo uno de ellos constituye una verdadera historia. Mientras el primer texto se dedica a enumerar una serie de características en tono biográfico, el segundo se ajusta a una plantilla conocida como ABT (AND, BUT, THEREFORE, o sea, Y, PERO, POR LO TANTO). Esta plantilla define los elementos fundamentales de una historia que aparecen señalados en el texto 2 por estas palabras entre corchetes (que no forman parte del texto necesariamente). El esquema ABT está detrás de cualquier cuento, novela o película, con elementos que reconocemos fácilmente. [Y] es el elemento de introducción que nos presenta la escena inicial. En determinado momento aparece el [PERO] que representa el conflicto, la dificultad, el cambio que han de enfrentar. En la parte final de la historia surge el [POR LO TANTO], que es la consecuencia o resolución del conflicto que se presentó. Cualquier otro texto que no encaje en esta estructura podrá ser una anécdota, un artículo, un ensayo u otra cosa, pero no será una historia.

El esquema ABT es el que permite alcanzar con más facilidad un nivel óptimo de narrativa: con suficiente complejidad para resultar atractivo, sin demasiada para no ser confuso. En todo este gradiente que podemos llamar espectro narrativo hay otros dos esquemas (AAA y DHY), dentro de los cuales el ABT es el virtuoso punto medio.


Veamos tres resúmenes de artículos científicos (abstracts) que los ilustran.

Abstract 1

Hemos examinado los endoparásitos que afectan a los cangrejos de arena (Lepidopa benedicti) y encontramos que el único parásito que, de manera consistente, infectaba a la población estudiada eran pequeños nematodos. Debido a que muchos nematodos tienen ciclos de vida complejos que involucran múltiples huéspedes, a menudo manipulándolos intensamente, planteamos la hipótesis de que los nematodos alteran el comportamiento del cangrejo de arena. Hemos predicho que los cangrejos más infectados pasarían más tiempo sobre la arena que los cangrejos menos infectados. Nuestros datos indican que la infección por nematodos no está correlacionada con el tiempo que los cangrejos pasan sobre la arena. También sugerimos que los organismos que viven en playas arenosas podrían beneficiarse de cargas parasitarias relativamente bajas a causa de la baja diversidad de especies en el hábitat.
El abstract 1 tiene una estructura conocida como DHY (Despite, However, Yet; es decir, A pesar de, Sin embargo, Aún). Caracteriza a un texto con sobrenarrativa, con múltiples cambios de dirección en el hilo narrativo que causan confusión. Comienza directamente en la fase del "Por lo tanto" al decir "Hemos examinado…", para presentar acto seguido los resultados ("y encontramos que…") sin haber planteado un contexto previo. A mitad del resumen se plantea la hipótesis, para acto seguido hacer una predicción. En este punto el hilo narrativo ya ha ido hacia atrás y hacia adelante varias veces.

Abstract 2

Los animales poseen una serie de comportamientos defensivos contra la infección. Por ejemplo, suelen evitar los congéneres enfermos, especialmente durante el apareamiento. La mayoría de los animales también alteran su comportamiento después de la infección para, de este modo, promover la recuperación (es decir, la conducta de enfermedad). Por ejemplo, los animales enfermos reducen típicamente el rendimiento de los comportamientos energéticamente exigentes, como el comportamiento sexual. No obstante, algunos animales pueden aumentar su producción reproductiva cuando se enfrentan a un desafío inmune que amenaza su vida (es decir, inversión reproductiva terminal). Todas estas respuestas de comportamiento dependen probablemente de señales inmunes o neuronales para su inicio. Desafortunadamente, este canal de comunicación es propenso a manipulación por parte de patógenos. En el caso de las infecciones de transmisión sexual (ITS), estos patógenos deben socavar algunas de estas defensas de comportamiento. Existe evidencia de que las ITS suprimen las señales sistémicas de activación inmunitaria (por ejemplo, citoquinas proinflamatorias). Es probable que esta manipulación sea importante para la supresión de la conducta de enfermedad y de otras defensas de comportamiento, así como para la prevención del ataque por el sistema inmune del huésped. Por ejemplo el grillo, Gryllus texensis, está infectado con una ITS, el iridovirus IIV-6/CrIV. El virus ataca al sistema inmune, que sufre una dramática disminución en su capacidad de producir proteínas importantes para su función. Este ataque también dificulta la capacidad del sistema inmune para activar la conducta de enfermedad. Los grillos infectados no pueden expresar la conducta de enfermedad, incluso cuando se exponen a bacterias muertas por calor. Entender cómo las ITS suprimen la conducta de enfermedad en los seres humanos y otros animales hará avanzar significativamente el campo de la psiconeuroinmunología, además de proporcionar beneficios prácticos.
Este segundo abstract muestra el esquema AAA (And, And, And; Y, Y, Y). Está formado por una larga cadena de declaraciones coronada por una frase final sobre la investigación: hará avanzar significativamente el campo de la psiconeuroinmunología. Hasta entonces no existe hilo narrativo, solo una enumeración de las defensas contra la infección. La estructura AAA tiene una narrativa pobre y resulta aburrida. En este caso, representa una oportunidad perdida de usar la narrativa para obtener un abstract mucho más conciso y convincente.

Abstract 3

Los parásitos que manipulan el comportamiento de su huésped están entre las adaptaciones más fascinantes que podemos encontrar en la naturaleza. El comportamiento del huésped puede convertirse en una ampliación del fenotipo del parásito de tal manera que el éxito o el fracaso del genoma del parásito dependen de cambios precisos en el comportamiento del huésped. La biología evolutiva nació de la minuciosa observación de naturalistas, como Wallace y Darwin, de la variación fenotípica para comprender los orígenes de nuevas especies. En este ensayo argumentamos que también es necesario pensar en los orígenes de los fenotipos extendidos por el parásito. Esta es una tarea más difícil de entender que la evolución que se explica en los libros de texto mediante ejemplos como los ojos de los vertebrados o los cascos de los caballos. Sin embargo, nuevas herramientas como la filogenómica proporcionan una oportunidad para lograr avances significativos en la comprensión de los fenotipos extendidos de los parásitos. Conocer los orígenes de los fenotipos extendidos por el parásito es importante como objetivo en sí mismo, pero el conocimiento adquirido también nos ayudará a entender por qué la manipulación compleja es tan rara y a identificar los puntos de inflexión evolutivos que impulsan su aparición.
Este último abstract, ejemplo del esquema ABT, abre el argumento con dos frases claras y directas que establecen la cuestión. La tercera frase no comienza con un “Pero”, no obstante si se añade, nos damos cuenta de que funciona igual: "Pero la biología evolutiva nació de la minuciosa observación…". La siguiente oración también admite el "Por lo tanto": "Por lo tanto, en este ensayo argumentamos…”. El "pero" y el "por lo tanto" no aparecen de manera expresa; sin embargo, la estructura ABT, clara y simple, surge logrando un texto con narrativa equilibrada.

(continúa en la parte IV)
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Fuente:

- R. Olson, Houston, we have a narrative, The University of Chicago Press, 2015.

domingo, 28 de mayo de 2017

Houston, tenemos una historia (II)

(Viene de la parte I)
Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído:
— ¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
— Lo sé, pero lo que yo siento es de verdad.

Nada grave, Ángel González

En la antigua Grecia, si alguien quería tomar contacto con la verdad la buscaba en los poetas; en nuestros días, sin embargo, lo lógico sería acudir a los científicos. ¿Qué sucedió entre estos dos momentos?

En sus Diálogos, Platón cuenta que su maestro Sócrates deseaba saber si las verdades que cantaban los rapsodas constituían una habilidad que les era propia, de modo que pregunta al rapsoda Ion si es capaz de hablar bellamente sobre cualquier tema que se propusiese. Ion responde que sólo puede hacerlo sobre aquello que le inspira, por lo que Sócrates concluye que esa caprichosa destreza debía provenir de los designios de las musas.
Además había un problema: en ocasiones las musas susurraban verdades y en otras, mentiras disfrazadas de verdades, y ni siquiera los rapsodas podían diferenciarlas. La belleza de cantos y poemas era lo único que legitimaba la verdad. Lo bello debía ser verdadero. Sin atreverse a poner esto en duda, Sócrates expone con suma humildad que, a diferencia de Ion, él no es un elegido de las musas y que sólo puede acceder a “la verdad que corresponde a un hombre corriente”, aquella relacionada con la capacidad de razonar.
La cuestión es que en el año 388 a.C., Platón instó a las autoridades para que todos los poetas y cuentacuentos fueran exiliados de la ciudad de Atenas. El conocimiento que no podía ser avalado por la razón se volvió repentinamente digno de sospecha y potencialmente peligroso. El saber racional se enfrentaba por primera vez al saber dramático, preparando el camino hacia la futura brecha entre ciencia y letras. 

La ciencia no es consciente de que se encuentra inserta en un mundo narrativo, y una revelación de este hecho la encontramos, irónicamente, en un discípulo de Platón. En su Poética, Aristóteles describe las partes en que se divide un drama. Comienza con un prólogo y se desarrolla a través de partes cíclicas que denomina párodos, episodios y estásimos, donde se alternan las actuaciones de los actores y el coro. La obra alcanza el climax y concluye con un éxodo. Si comparamos esta estructura con la de una investigación científica moderna, vemos que las similitudes son algo más que casuales. Se inicia planteando una cuestión que se desarrolla también en partes repetitivas mediante la hipótesis, los experimentos y los resultados. Una vez alcanzado el clímax del hallazgo significativo, se finaliza con la discusión de los resultados.

Las similitudes entre el desarrollo de un drama, según Aristóteles, y los de una investigación científica.

Este tipo de narrativa tiene su reflejo en el modo en que se comunica la investigación llevada a cabo. Si lo menciono como formato IMRAD, probablemente no les resulte familiar a muchos, pero si despiezo el acrónimo en Introduction (I), Methods (M), Results (R) And (A) Discussion (D), cualquier investigador habrá reconocido el esquema estándar de un artículo científico, ampliamente aceptado hoy en día.


La narrativa de la ciencia 


La gran invención del siglo XIX fue la invención del método de invención.

A. N. Whitehead


Desde la aparición de las primeras revistas científicas en 1665 (Journal des Savants, Philosophical Transactions of the Royal Society), los artículos tenían formato de carta en la que se describían los pasos dados en un experimento. No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX que el estilo del artículo científico comenzó a cambiar. Al igual que Robert Koch estandarizaba en sus postulados el modo de identificar un agente infeccioso, Louis Pasteur establecía las bases del formato IMRAD en su manera de argumentar la teoría microbiana de la enfermedad. Ambos microbiólogos asentaron la piedra angular que convertiría la medicina en una auténtica ciencia: la reproducibilidad de resultados.

Pero esta nueva narrativa no se hizo eco en la comunidad científica. Hubo que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para que las revistas científicas insistieran en el uso del formato IMRAD pero por una razón más mundana: la avalancha de artículos exigía concisión por falta de espacio. A los científicos les costó lo suyo aceptar esta recomendación por lo que se deduce de la lenta adopción del formato IMRAD. Como se observa en la siguiente gráfica, sobre las cuatro principales revistas biomédicas, en 1950 solo escribían con el nuevo formato entre el 10 y el 20% de los autores. En 1960 el porcentaje estaba aún muy por debajo del 50%, y habría que llegar hasta los años 1975-80 para que la práctica totalidad de los científicos emplearan el formato IMRAD.

Evolución del porcentaje de artículos con formato IMRAD en las principales revistas biomédicas (British Medical Journal, Journal of  the American Medical Association, The Lancet, New England Journal of Medicine).


En los primeros años de adopción del IMRAD, recibió la crítica de muchos autores que lo consideraban demasiado rígido y que inhibiría el estilo personal del autor. Personalmente, me alegra que la adopción del IMRAD no se hubiera producido en épocas tan tempranas como para haber influido en la calidad literaria de los trabajos de Charles Darwin o Santiago Ramón y Cajal. Una de las críticas más duras al formato IMRAD llegó a mediados de la década de 1960 de la mano del Premio Nobel de Medicina Peter Medawar, que planteó la pregunta Is the scientific paper a fraud? En opinión de Medawar, el artículo científico en su forma ortodoxa encarna una concepción equivocada, incluso una parodia, de la naturaleza del pensamiento científico, heredada del propio Newton que decía en su Principia:
Todavía no he podido descubrir la razón de las propiedades de la gravedad a partir de las observaciones, y no voy a aventurar ninguna hipótesis. Pues todo lo que no se deduce de las observaciones debe llamarse hipótesis; y las hipótesis, ya sean metafísicas o físicas, o basadas en cualidades ocultas o mecánicas, no tienen cabida en la filosofía experimental.
Es decir, según Newton el descubrimiento científico comienza con una observación imparcial y libre de prejuicios, y a partir de esta evidencia sensorial se deducen unas conclusiones. Sin embargo, lo que determina qué será relevante y qué no lo será en dicha observación es formular previamente una pregunta, la hipótesis, esa interrogación exploratoria que Newton consideraba temerario plantear. Medawar identifica en el formato IMRAD una vergüenza inconfesable: el hecho de que las hipótesis no siempre aparecen en las mentes de los científicos desde la lógica o la deducción, sino a través de las imprevisibles sendas de la inspiración y la imaginación.

(continúa en la parte III)

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Fuentes:

- R. Olson, Houston, we have a narrative, The University of Chicago Press, 2015.

- J. Argüello, La música del mundo, Galaxia Gutenberg, 2011.

- R. A. Day, The origins of the scientific paper: the IMRAD format, Journal of American Medical Writers Association, 1989, 4(2), 16-18.

- L. B. Sollaci, M. G. Pereira, The introduction, methods, results, and discussion (IMRAD) structure: a fifty-year survey, J. Med. Libr. Assoc. 2004, 92(3), 364-371.

- P. B. Medawar, Is The Scientific Paper a Fraud? En David Edge (editor), Experiment: A Series of Scientific Case Histories First Broadcast in the BBC Third Programme, London: BBC, 1964.

jueves, 25 de mayo de 2017

Houston, tenemos una historia (I)

A las 21:08 horas GMT del 13 de abril de 1970, explotaba un tanque de oxígeno en una nave situada a unos 320.000 km de la Tierra. En la película, Tom Hanks se comunica con el centro de control y pronuncia la célebre frase: Houston, tenemos un problema. Un astrónomo puntilloso podría decir: “Eso no fue lo que dijo en realidad Jack Swigert”, y tendría razón. Al parecer, la frase exacta del astronauta fue “Houston, we’ve had a problem here” (Houston, hemos tenido un problema aquí). ¿Qué provocó que esta expresión se alterara?



A científicos y divulgadores les preocupa que un texto se manipule de este modo. Quieren que el público conozca los hechos de manera precisa y les causa rechazo cualquier adulteración del contenido. Por ello, suelen ser contrarios a la introducción de formas narrativas que, en tanto que literarias, implican una deformación del lenguaje con fines expresivos y estéticos.

Todos estamos de acuerdo en que si el mensaje de Swigert hubiera sido “Houston, todo va bien” ni siquiera tendríamos historia. La misión del Apolo 13 hubiera pasado a los anales de la astronáutica sin pena ni gloria. Sin embargo, sobrevino un acontecimiento inesperado, un antes y un después en el normal discurrir de la aventura que hace surgir una buena historia. Pero el conflicto quedaría cojo si no se expresa adecuadamente. La frase original de Swigert cambia de tiempo verbal (adopta el presente que refleja mayor urgencia) y de longitud (se hace más concisa). En mi opinión, una alteración que no desvirtúa significativamente los hechos que se transmiten al público, y que ayuda a captar su atención y complicidad de manera más eficaz.

Otro ejemplo de mensaje desvirtuado nos lo presenta Deborah García Bello, química y divulgadora científica, a partir del minuto 7:13 del siguiente vídeo.



En él nos muestra el sello que Correos emitió en 2007 para conmemorar el centenario del fallecimiento de Dimitri Mendeléiev, creador de la tabla periódica de los elementos. El diseño, realizado por el químico y profesor de la Universidad de Alicante Javier García Martínez, ilustra una tabla periódica inspirándose en las composiciones de Piet Mondrian.

Composición con rojo, amarillo y azul. Mondrian (1930).



Sello conmemorativo de Mendeléiev (2007)
















La idea me parece original. Los diferentes bloques de elementos (alcalinos, metales, no metales) aparecen definidos por distintos colores, y los cuatro pequeños cuadrados blancos representan los elementos predichos por Mendeléiev (escandio, tecnecio, galio y germanio) que fueron descubiertos posteriormente.

Deborah odia este diseño, y no por un motivo relacionado con la química sino con el arte. Mondrian jamás hubiera empleado el verde en una composición, como el que colorea el área que representa a las tierras raras (lantánidos o lantanoides), pues solo utilizaba los colores primarios tradicionales (rojo, amarillo y azul) además del blanco y el negro. Sin embargo, voy a echar mano de una licencia narrativa para tratar de salvar la crítica a este diseño.

Las tierras raras han protagonizado numerosos descubrimientos erróneos de lo que se creían nuevos elementos. El didimio, por ejemplo, se trataba de una mezcla de neodimio y praseodimio; el filipio, mezcla de holmio e itrio, y el decipio era en realidad samario con impurezas de neodimio y praseodimio. Mezclas de tántalo y niobio se consideraron elementos nuevos al menos en dos ocasiones, otorgándoles los nombres de pelopio y dianio. Tan reiteradas equivocaciones eran debidas a la gran similitud química entre los elementos de las tierras raras, lo que provocaba que sus mezclas fueran difíciles de separar. Mezclas como el color verde, resultado de combinar amarillo con azul. Así, se abre la posibilidad de dotar a una composición poco afortunada de un significado adicional, al emplear un componente que contrasta con el conjunto. Quizá, con el permiso de Mondrian (y el de Deborah), el verde no sea tan mal color para representar la peculiar naturaleza de este grupo de elementos.

¿Hasta dónde podemos (o debemos) introducir recursos narrativos al comunicar ciencia? ¿Hasta dónde recrear sin desvirtuar en exceso? ¿Cómo integrar de forma equilibrada el atractivo de una buena historia con la calidad de la información científica? Y por cierto, ¿qué entendemos por “una historia”?

(continúa en la parte II)

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Fuentes:

- R. Olson, Houston, we have a narrative, The University of Chicago Press, 2015.

- J. A. Bustelo, J. García, P. Román, Los elementos perdidos de la tabla periódica: sus nombres y otras curiosidades, An. Quím. 2012, 108(1), 57-64.
http://bit.ly/2r0B0f2